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sábado, 13 de febrero de 2010

MIRADA

Paisaje cubierto de tardes
en una pequeña calle
de la ciudad de Jericó.
La gente incendiaba todas
sus dudas bajo las sombras
de las hermosas palmeras.
Un hombre insignificante,
aunque rico, estaba tranquilamente
recargado en un árbol.
De pronto, el vocerío de la muchedumbre
anunció la gloriosa presencia
de un personaje que lucía
unas sandalias luminosas.
El corazón del pequeño recaudador
de impuestos se lleno de palomas.
Como pudo, se subió hasta lo más alto
de un sicómoro y una mirada azul
suvemente le dijo: Zaqueo,
esta noche tendremos en tu casa
la mejor de las cenas.